La mujer tiene la sustancia sagrada

El patriarcado la ocultó por siglos, pero está resurgiendo. La guía espiritual y maestra sufi Alex Warden nos alienta a recuperar su valor.

Miles de años de patriarcado han borrado, además de los secretos de lo femenino, lo más importante, aquello que la mujer guarda como un tesoro dentro de sí: su naturaleza espiritual sagrada.

El mundo patriarcal no solo dañó a lo femenino y a la mujer en conexión con su propio cuerpo, dañó también la conexión de la humanidad con el cuerpo del gran femenino: la madre Tierra. Los resultados de tales abusos nos rodean por todas partes… Lo que no es tan obvio a simple vista, es el daño que el patriarcado le hizo a la mujer en conexión con su propia espiritualidad y cómo esta desconexión afectó la vida del planeta.

Con el paso del tiempo, el poder del patriarcado fue suprimiendo de nuestra memoria colectiva las iniciaciones sagradas donde se develaban ciertos misterios de la espiritualidad femenina… las que al no ponerse por escrito, solo nos dejaron historias vagas, mayormente distorsionadas y cercenadas en su verdadero significado…

La espiritualidad femenina es tan vieja como la humanidad porque es intrínseca a la mujer, nace con ella, no necesita buscarla fuera de sí. En ese sentido es libre, demasiado libre para ser dominada o para que se le indique qué hacer o cómo relacionarse con lo Divino. La espiritualidad femenina desarrolla la consciencia de la mujer de un modo natural, integral y espontáneo – sin libros, sin ritos, sin ejercicios, sin dietas especiales… Y cuando ese crecimiento evolutivo y natural tiene lugar en la mujer, automáticamente impulsa la evolución de la humanidad.

Lo que queda hoy de esas enseñanzas son unas migajas dispersas por el mundo de conocimientos y técnicas que intentan reconectar lo femenino con su sabiduría natural … pero la esencia de esas enseñanzas se ha perdido y lo poquísimo que queda se ha intoxicado por los valores del patriarcado….

Al ser intrínseca a la mujer y a lo femenino, esa sabiduría no se compra ni se vende, no se puede hacer dinero con ella… no se trata de vestirse de tal o cual manera, de invocar a tal o cual guía, de realizar tal o cual rito mágico, de conocer el futuro o el pasado, o de comunicarse con otros mundos. Esas son prácticas externas para intentar contactar o saber algo… son prácticas del hacer. Pero la verdadera espiritualidad femenina está más allá de esto… está más allá y más adentro… y tiene que ver con “ser”.

La espiritualidad femenina
Unos pocos vestigios de esta espiritualidad encarnada la hallamos en el antiquísimo conocimiento de la relación entre el cielo y la Tierra, de la influencia de astros, como la luna, sobre los ciclos femeninos y la naturaleza – y de ciertos rituales que se le dedicaban – que aún permanecen en la memoria de la humanidad desde tiempos ancestrales anteriores al patriarcado. Pero nuevamente eso es tan solo la cáscara, el exterior de un núcleo de conocimiento verdadero que ha quedado olvidado. El significado se ha perdido. Y al perder su esencia, en cierto modo enfocarse en la práctica de esa cáscara ritual, la ha estado deformado aún más y hasta puede cercenar la posibilidad de que el verdadero significado salga a la luz del día.

El cuerpo de la mujer guarda un secreto
Que miles de años atrás se conocía… pero con el pasar del tiempo, comenzó a olvidarse, y entonces la sacerdotisa se encargó de enseñarlo y compartirlo con la sociedad en que vivía. Se crearon rituales exotéricos para toda la población y esotéricos para unos pocos…  Los rituales exotéricos eran la forma exteriorizada de tan solo parte de una profunda sabiduría a la cual la mayoría de la población no tenía acceso. Para entonces aquel conocimiento se había hecho oculto, esotérico, y para acceder a esas enseñanzas se juraba guardar silencio. Luego el patriarcado terminó con gran parte con las sacerdotisas y ese secreto se hizo más inaccesible y recóndito todavía, hasta que se olvidó. Hoy el secreto es tan secreto que ni la mujer misma sabe que lo tiene en su propio cuerpo.

En su vientre se encuentra el tesoro
Por eso muchos de los rituales exotéricos que aún se recuerdan, se relacionan con la fertilidad y el acto sexual, el embarazo y la maternidad, el nacimiento y la muerte. Y es interesante que hoy estos ritos están volviendo a la consciencia humana de un modo potente… La mujer y lo femenino están renaciendo de un nuevo modo. Bajo la forma de necesidad de desarrollar independencia y empoderamiento personal, están pidiendo un lugar igualitario al varón y a lo masculino. Como en la memoria de la humanidad el tiempo de la sacerdotisa fue el último bastión de lo femenino en el poder, los pocos conocimientos y ritos que permanecen han tomado fuerza y atraen cada día a mas mujeres y varones. Por todos lados encontramos cantidad de grupos de mujeres y algunos mixtos donde se realizan prácticas de reconexión con lo femenino y su sabiduría – desde el nivel arquetípico de la diosa y la sacerdotisa hasta prácticas corporales. Y allí se aprenden algunas cosas sobre uno mismo, se liberan sentimientos, se sanan dolencias… y eso es bueno… pero incompleto.

Al mismo tiempo también ha resurgido una preocupación por el bienestar del planeta, el gran femenino, a quien volvimos a llamar como en la antigüedad, bajo el nombre de la diosa Gaia. La ecología y la ecología espiritual ya son parte de la conciencia colectiva. Casi todos conocen la devastación que estamos causando al mundo, más allá de que tomemos responsabilidad por ello o no. Hay cantidad de grupos de protección del medioambiente, de alimentación orgánica sin uso de pesticidas y otros venenos y de retorno a una vida más natural, alejada de la contaminación. Incluso en algunas grandes ciudades ahora se cultivan frutas y verduras en los parques públicos… y nuevamente, todo esto es bueno… pero incompleto.

El renacimiento de lo femenino sagrado tiene una razón más profunda – se origina en una necesidad apremiante… y es lo que necesitamos recordar.

Lo femenino sagrado no es ni una mujer, ni una diosa, ni una cualidad femenina. Se trata de una sustancia sagrada.
Esta sustancia nadie nos la puede vender ni obsequiar, no se puede desarrollar ni practicar ni evocar… esta sustancia sagrada ES. La mujer la lleva en sus chakras, o centros espirituales, desde que nace. Volver a experimentarla en la vida de cada una de nosotras es el primer paso. Cualquier práctica o información sobre lo femenino es secundaria, y en un mundo de espejismos como el nuestro, hasta podría llegar a crear una cierta ilusión de que uno la está experimentando cuando no es así.

La mujer recibió esta sustancia sagrada de lo femenino con un propósito espiritual muy especial, fundamental para la vida consciente en el planeta, que se manifiesta de varias formas. Su función esencial es dar cuerpo a un alma humana, para que esa alma pueda tener una experiencia en el plano físico. Ningún otro ser en el mundo ha recibido este don.

El alma humana es un poco diferente al alma animal. Se podría decir que tiene una cualidad distinta, angelical. Y esta cualidad angelical está destinada a corporizar ciertas capacidades en el mundo, entre ellas, una de las más importantes, es desarrollar el amor universal que es una característica de la consciencia angelical… El alma humana, por lo tanto, es sumamente sutil, tan sutil que para poder encarnar en un cuerpo físico, para poder tener una experiencia de este mundo, necesita algo parecido a un pegamento, una sustancia especial que haga de puente, que una el mundo espiritual de dónde procede con el universo físico a donde llega. Ese pegamento es la sustancia sagrada del sagrado femenino, que la mujer lleva en su cuerpo.

Esta sustancia sagrada además de otorgar a la mujer la capacidad de dar vida a un  alma humana, a un hijo, le brinda la posibilidad de dar vida a todo lo que toca, a todo lo que mira, a todo lo que ama…  En este sentido funciona como una varita mágica, pero sin varita, solo activando o permitiendo que esa sustancia permanezca activada en su cuerpo de mujer. Es un estado consciente de puro ser… profundamente armónico, creativo, amable y libre.

Además esta sustancia también se relaciona con una forma de conocimiento, la consciencia de lo sagrado de toda la vida – consciencia que se relaciona con el misterio de la creación, de su unidad esencial, la comprensión de que todo es una manifestación del Espíritu Único.

Una de las grandes tragedias que tuvo lugar con el patriarcado es que este conocimiento de la sustancia sagrada en el cuerpo femenino se olvidó, o se encubrió, y en muchas culturas la mujer pasó a ser vista como un ser poco menos que maligno y despreciable. En ciertos lugares y tiempos se mataba a las mujeres al nacer o se las vendía como siervas o esclavas. A menudo se les prohibía instruirse o desarrollar su mente; se las consideraba una carga económica, entonces se las casaba o se las recluía en conventos. Durante siglos y hasta en la actualidad en ciertas culturas se  ha cubierto totalmente su cuerpo con ropajes para que no atraigan el deseo del varón, mientras que en otras, la mujer se convirtió en un objeto sexual con una imagen predeterminada e impuesta de belleza a la que se debe ajustar… Esto mismo se le hizo al gran femenino, a la madre Tierra. Envenenaron sus aguas, intoxicaron su aire, cortaron sus selvas hasta transformarlas en desiertos, mataron especies enteras de animales y plantas, se aplanaron montañas y se construyeron rascacielos, se cortó el flujo del agua de los ríos y se ganaron tierras al mar…

La sustancia sagrada en la mujer dejó de honrarse, de valorarse y de conocerse. Y con ello la mujer dejó de tener esa capacidad de dar vida a todo lo que tocaba… su magia natural se convirtió en sortilegios e invocaciones, manipulaciones que la fueron desconectando cada vez más de su feminidad sagrada… y al buscar alguna independencia y libertad personal comenzó a incorporar gradualmente las cualidades del mundo patriarcal… y con la desaparición de la sustancia sagrada, el planeta también comenzó a morir.

Sin embargo, en el último siglo muchas mujeres descubrieron un cierto dolor, un cierto enojo en lo hondo de sí mismas… la sutura que por miles de años había permanecido cerrada tapando la herida que le causara el patriarcado al femenino, había comenzado a abrirse y a supurar… y también el planeta comenzó a quejarse del abuso recibido, a querer quitarse el polvo del olvido, con cambios climáticos extremos, grandes terremotos, sequías e inundaciones.

Son los signos de que es tiempo de recordar, de revalorar, de re-honrar.

Estamos viviendo un momento singular en nuestra historia. Algo está muriendo, acabando, y algo está naciendo, comenzando. La mujer tiene la sustancia que le permite tanto traer un alma al mundo como también brindarle el sentido del alma a toda la vida. Es en ella, en su propio ser, que se está trayendo al mundo lo que está naciendo y comenzando. De niños nuevos a proyectos innovadores a formas de expresar amor y dedicación a la vida más conscientes… Lo sepa o no lo sepa, a través de su cuerpo de mujer se está creando un nuevo mundo… un mundo mejor, más sano, más perceptivo y más igualitario.

Pero la única forma en que lo nuevo que está llegando a la existencia no muera antes de desarrollarse, para que una primavera florida no se convierta en páramo, es necesario que reconozcamos y valoremos esta sustancia sagrada, esta sustancia espiritual en el interior de la mujer. Y más aún, es necesario que le permitamos vivir, expresarse nuevamente… No es una tarea sencilla, llevará algún tiempo… pero siento que VALE LA PENA.

Alex Warden
Guía espiritual. Representante del Golden Sufi Center en Latinoamérica.